NOVIA DE MADRUGADA

El sol resplandecía por encima de la selva, y el oscuro mirar de la Blanca Flor
de esta historia; el amor era como una paloma en su corazón.
A sus dieciséis años, cantaba como el viento suave cuando las aguas del mar
lejano tenían rítmico canto y no les enturbiaba el espejo de cenotes y aguadas;
así era su vida en el humilde rancho de chozas de huano y de cerritos de piedras
ancestrales.

Ahí, ese medio día, Blanca Flor despidió a su Ek Balam (Tigre Estrella),el amor
que en siete lunas más sería su esposo en la iglesia del pueblo de Tepich,
y también bajo el amparo de la sagrada sombra del árbol balché, donde se veneraba
al que no se le puede nombrar y a los otros dioses antiguos.

Por aquellos días de julio del año de 1847, en la tierra del Mayab, el “viento
malo se adelantaba, y esta vez traería consigo su carga de guerra.
Los señores “Dzules” (criollos blancos) ya lo habían interpretado”, ellos mismos
habían propiciado las condiciones para la insurrección de los “indios”; los
habían armado para usarlos en sus guerritas internas por ambición y poder, y
habían aumentado su odio hacia el blanco, cuando sus generalitos golpistas
incumplieron las promesas de tierras y reducción de impuestos; entonces como
decían las antiguas escrituras del CHILAM BALAM y las enseñanzas de la rebelión
de 1761, guiada por JACINTO CANEK, el único camino era el de la guerra.

En el rumor del aire y de la hierba se hablaba de conspiraciones y rebeliones;
patrullas de milicianos cabalgaban en busca de culpables…

José Ek Balam estaba preocupado. Sabía de esos tiempos malos y de lo amargo de
los rencores; pero a él no le importaban los discursos de los ancianos, ni las
arengas guerreras de “Tatiches” y “Batabes”. Para él, no había odio hacia el
blanco, y eso de la glorificación de los antiguos no le cabía en su corazón, que
sólo era de María Sac Nicté (Blanca Flor). Por eso partió feliz hacia Tepich,
esperaba poder hacer unos negocios y preparar los últimos detalles de la boda.
María, sus hermanas y hermanos, vieron partir a José Ek montado en una mula y
arreando otras seis; se quedaron solos en el rancho esperando su regreso.

La tarde dejó ver al último sol extraviándose en el verde horizonte. Los perros
jugaban en el patio; pavos y gallinas al fondo se rendían ante el sueño al
anuncio de la llegada de la noche. Los pájaros ruidosamente se preparaban para
volar al día siguiente. María Blanca Flor terminó de acostar a los suyos, como
todas las noches. La rutina se repetía en forma sencilla y monótona. De pronto
todo cambió para siempre. Todo se juntó en un solo ruido: ladridos, galope de
caballos, disparos; “jauría de hombres”, todo un solo estruendo, hasta que los
perros callaron.

Un rayo de fuego astilló la puerta. Se estremecieron las hamacas, el techo de
huano, las golondrinas anidadas y el corazón de los hermanos de Sac Nicté; ésta
saltó del mismo sueño, alcanzó a empuñar el machete moruna de su padre y un puño
blanco en su rostro y el acero de una daga sobre su cuello fueron el anuncio de
la llegada de la milicia enviada desde T´HO (Mérida) aquella noche de julio, para
hacer saber a los mayas quiénes eran los amos y señores blancos (Dzules) en Yucatán.
La noche aquella fue eterna… ni los hombres mayas, ni sus dioses acudieron a su
auxilio.
Los soldados Dzules destrozaron todo con sus sables y sus dagas. Una orgía de sangre,
de sexo de bestias, consumió la felicidad, la pureza, así como la vida de María Sac
Nicté y de sus cinco hermanos. Sus cuerpos despedazados.
Después del aquelarre, dejaron esparcido su humor de sangre por la tierra y por el aire…

La noche cómplice avanzaba lenta. La niña mujer embravecida aún se defendía,
gritaba con dolor-amor el nombre de su amado: ¡José Ek Balam!; rugía su boca de
odio hacia el blanco que como bestia la cubría con su asqueroso cuerpo, su
aliento caliente, sucio y pestilente…
José Ek Balam descansaba esperando el amanecer junto a un caserío abandonado; el
sueño comenzaba a cerrarle los ojos cuando sintió un frío helado pegado junto a
su cuerpo. Despertó al instante y entonces además del frío, olió un perfume a
flores blancas; el frío y el aroma de pronto aumentaron, y en ráfaga fugaz
dieron vuelta sobre su cabeza y se estrellaron contra las hojas de los árboles.
Las mulas antes quietas, se movieron enloquecidas y daban coces sin sentido. El
cielo antes limpio y estrellado, se llenó de nubarrones, desde donde se descargó
un rayo sobre la tierra, justo en el centro de un árbol de ramón frente a los
ojos del hombre y sus mulas. Entonces, cuando el relámpago tranqueó la madera y
la partió en dos, José Ek Balam creyó ver la figura amada de María Sac Nicté…
ella estaba ahí, con su mirada amorosa. Le extendió la mano sin alcanzarle, y
luego se fue, borrada por el aguacero que se derramó ahí, en ese entonces.

De sus siete mulas perdió cinco, incontrolables al estruendo o aquel resplandor
de la luz y ante la fugaz aparición que lo cubrió todo de heladez de enero. Las
bestias liberaron sus amarres, brincaron por encima de las albarradas de piedra
y se perdieron por cualquier lugar del monte aquel… José Ek, no perdió más
tiempo. Montó su mula, jaló la otra, y cabalgó por su camino; al poco rato en
medio de la lluvia, otra vez ráfagas de viento y otra vez ella… ahí, esta vez
en medio del camino con su vestido blanco…
-¡BLANCA FLOR!- La llamó José, desesperado… quiso ir a galope hacia ella, pero
algo lo detuvo. Entre el aguacero a ella no le llovía; sus mulas otra vez
enloquecieron y le hicieron salir del camino a loca carrera por en medio del
monte hasta encontrar otra senda donde ya la lluvia casi no era nada. Miró al
cielo donde las nubes le abrían pequeños hoyos para mirar estrellas, y entonces
un aire caliente como de mayo le quemó la piel, mientras un susurro como zumbido
de abejas primero y luego como lamento le enloqueció el oído: -¡REGRESA!…
Y un grito largo, doliente envuelto en aire malo, giró entre la maleza del monte
hasta hundirse en la aguada cercana, que pareció ser un chan remolino de aguas rojas.
José Ek Balam no sabía ya qué creer… pero aunque era hombre al que no se le
quiebra el alma, su corazón lloraba y su piel temblaba. Guió su cabalgadura y a
su otra mula por un atajo en medio de los montes altos donde sólo acechan las
fieras y los espíritus; aumentó el galope hasta encontrar el camino antiguo por
el cual saldrían hasta el rancho amado. Pero otra vez ahí, esta vez sin viento,
sin lluvia, sin frío o sin calor, nuevamente ella: MARÍA SAC NICTE con su pelo
negro en desorden y su blanca figura bañada en sangre, con un machete moruna en
la mano, indicaba hacia la izquierda el camino hacia su rancho.
Una niebla al amanecer la fue cubriendo, LA NOVIA DE MADRUGADA decía adiós a su
amado. Éste galopó en furiosa carrera blandiendo ya el machete de su amada.
Galopó y galopó hasta el medio día; el rancho aún ardía, las mujeres vecinas
lloraban y los hombres se preparaban para la guerra.
Ek Balam de rodillas lloró por su novia amada y sus hermanitos; maldijo al dios
blanco, y ante la cruz de los mayas, oró a los dioses viejos.
La noche aquella fue similar en otros ranchos y pueblos de la península de
Yucatán.

Entonces vino la guerra por más de cincuenta años, y dicen que todavía si te
pierdes en aquellos caminos y en tus sueños, escucharás los tunkules con su
tamborileo de guerra y no te dejarán quieto los miles de espíritus de los
sacrificados en la guerra aquella, mal llamada de castas.
Oirás a los vientos ulular por los cuatro puntos cardinales esperando que esa
tierra del mayab vuelva a nacer, y mientras tanto, quizá “la novia de madrugada”
te busque para reclamar su justicia.

EKTOR ZETTA EK BALAM
2001
(c)

 

 

 

 

 

 

GLOSARIO DE MAYISMOS Y LOCALISMOS DE YUCATÁN

 

ÁRBOL BALCHÉ: Árbol sagrado de cuya corteza se elabora la bebida ceremonial
balché

AGUADA: Pequeñas lagunas formadas por corrientes de agua y por lluvia acumulada

BALAM: Tigre o jaguar

BALCHE: Bebida sagrada de los mayas, extraida del árbol del mismo nombre

BATABES: Jefes guerreros

CECILIO CHÍ: Líder del movimiento insurgente de liberación, conocido como Guerra

de Castas

CENOTE: Boca abierta de un rio subterraneo

CHAN: Pequeño

CHILAM BALAM: Sacerdote maya que escribió un libro profético,
mismo que puso bajo resguardo de los HEMENES o sacerdotes en diferentes pueblos
para librarlo de las hogueras del clero inquisitorial español.

DZUL: Blanco o extranjero

EK: Estrella o noche

EK BALAM: Tigre Estrella, Jaguar negro o jaguar de la noche

HAMACA: Camas colgantes, elaboradas con hilos de fibra de henequén

HUANO: Hojas de palma

HEMEN: Sacerdote Maya

JACINTO CANEK: Jacinto Uc de los Santos “CANEK” Chan Pequeño Moctezuma
líder Independentista de los mayas (1761)

MAYAS: Hombres escogidos

MAYAB: País de los mayas

NICTE: Flor

SAC: Blanco

SAC BE: Camino Blanco

SAC NICTE: Blanca Flor

TATICH: Jefes políticos

TEPICH: Nombre del pueblo donde dió inicio la GUERRA DE CASTAS (1847-1901)

T´HO: Nonmbre en Maya de la ciudad de Mérida

TUNKUL: Instrumento musical hecho con un tronco hueco

YUCATÁN: Nombre que los españoles dieron al Mayab, la península donde habitaban los MAYAS

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